domingo, 3 de enero de 2021

Característica narrativa

NAUFRAGIO Por Nelson Verástegui El barco Talcahuano naufragó hace una semana, el 3 de marzo del 2002. Yo me lancé al agua y tuve la suerte de subirme a una lancha salvavidas. La hija del capitán también, pero nadie más logró alcanzarnos. Impotentes los vimos ahogarse uno tras otro. La luna en el horizonte, una tormenta de nieve en una isla en el Pacífico sur mucho más allá del Trópico de Capricornio es todo lo que vemos en esta isla desierta. Parece que algunos marinos estuvieron aquí por las huellas que dejaron. No sé dónde estamos. No es muy grande. Hay agua potable, árboles frutales, algunos lagartos que comemos asados y en una choza abandonada hemos encontrado conservas enlatadas, algunas botellas de vino y esta botella vacía donde pongo un mensaje con la esperanza de que nos vengan a buscar. Estamos con buena salud. Nos llamamos Julia Navarro y Luis González (y si se demoran, quizás ya seamos tres). PROMETEO VENGA A LA ESTIRPE DE LOS TITANES Otrora los Titanes habían sido vencidos por una rama de ellos, los olímpicos, dirigidos por Júpiter. Estos últimos se apoderaron del gobierno del universo después de precipitar en el mundo Inferior, sin piedad, a sus antecesores. Atlas y Menecio, dos hermanos de Prometeo, participaron de la lucha contra los ambiciosos dioses. Por eso fueron castigados de manera trágica: el primero, condenado a cargar perpetuamente el cielo a cuestas, gime de cansancio y sufrimiento. El otro, fulminado por Júpiter y condenado a las tinieblas del Erebro, sueña desesperadamente con volver a ver la viva luz solar. Solamente Prometeo y Epimeteo no seguirán el ejemplo de sus hermanos. Fingirán estar de acuerdo con los olímpicos. Participarán de sus asambleas y banquetes. Sin embargo, Prometeo ha guardado siempre, en su corazón, un odio sordo hacia aquellos que destruyeran el poder de sus hermanos y los condenaran a una agonía perenne. Llegó la hora de la venganza. Los dioses están seguros del respeto que les tienen los mortales. Pero el hijo de Japeto reserva otro destino a sus criaturas: los hombres serán más inteligente que los dioses. Y tendrán que vencerlos. La lucha perpetua se inicia. LOS HUICHOLES Y EL MAÍZ Los huicholes estaban cansados de comer cosas que no les gustaban. Querían alguna cosa que pudieran comer todos los días, pero de maneras diferentes. Un joven huichol oyó hablar del maíz y de sus famosos mets, unas tortillas, los chilaquiles y la sopa de tortilla que se preparaba con este cereal. Pero el maíz se encontraba muy lejos, al otro costado de la montaña. Eso no lo desalentó y se puso en marcha. Al cabo de poco tiempo vio una hilera de hormigas y como él sabía que ciertas de ellas eran las guardianas del maíz, las siguió. Pero cuando el joven se durmió, las hormigas, sin ningún problema, se devoraron todas sus vestimentas, dejándolo sólo con su arco y sus flechas. Sin ropas y hambriento el huichol se puso a lamentar. Fue entonces que un pájaro se posó sobre un árbol próximo. El joven apuntó su arco sobre él, pero el pájaro le regañó y le dijo que ella era la Madre del maíz. Lo invitó a seguirla hasta la Casa del Maíz donde ella lo autorizaría a tomar todo lo que él buscaba. En la Casa de Maíz se encontraban cinco bellas doncellas, las hijas de la Madre del Maíz: Mazorca Blanca, Mazorca Azul, Mazorca Amarilla, Mazorca Roja y Mazorca Negra. Mazorca Azul lo encantó con su belleza y su dulzura. Se casaron y volvieron a la villa Huichol. Como él no tenía aún casa, durmieron un tiempo en un lugar dedicado a los dioses. Después, como por encantamiento, la casa de los recién casados se llenaba cada día de espigas que la decoraban como flores. Las gentes venían de todas partes porque Mazorca Azul les ofrecía espigas a manos llenas. La bella esposa enseñó a su marido a sembrar el maíz y a cuidar los cultivos. Enterándose qué delicias ofrecía este nuevo alimento, los animales intentaron robarle. Mazorca Azul enseñó a las gentes a colocar fuego alrededor de los cultivos para espantar a las bestias en busca de espigas tiernas. Los Ancianos cuentan que Mazorca Azul, después de haber enseñado todo lo que ella sabía, se molió ella misma y es de esta forma que los hombres conocieron el excelente atole, una bebida caliente que se prepara con granos de maíz. CANTO III Homero La Iliada (fragmento) Al primer encuentro del combate, Paris o Alejandro provoca con suma fiereza a cada uno de los aqueos para el combate; pero en cuanto ve a Menelao saltando de su carro, huye atemorizado (1-37). Poco después él mismo, impulsado por los gritos de Héctor se ofrece en singular desafío con Menelao, comenzando lo más importante de la batalla; aceptada la condición pide Menelao que vaya por medio una promesa, consagrándola ante la presencia de Príamo (38-110). Así pues los ejércitos dejan las armas y se preparan sacrificios de ambas partes, mientras tanto Helena llama desde la torre a Príamo y a los ancianos de Troya, a los jefes argivos que están en el campo inferior (l l l-244). Siendo llamado, se presenta Príamo en compañía de Antenor y se hace un pacto según el antiguo rito y bajo estas condiciones, de que si uno de los dos venciese al otro, obtendría a Helena y sus riquezas; pero los troyanos inferiores a los aqueos pagarían una fuerte multa (245-301). Después de la partida de Príamo, toman las armas Menelao y Paris y marchan al espacio convenido para la pelea; pero Paris, superado, es sutraído por Hera ocultamente y se lo lleva incólume a su propia morada (302-382). Al mismo lugar lleva a Helena, quien resistiendo primero al nuevo marido le echa en cara su cobardía; sin embargo poco después se reconcilia con él (383-448). De esta manera, en vano busca Menelao al adversario que estaba gozando de la protección de la diosa, mientras Agamenón busca públicamente el precio de la victoria que se había pactado (449-461). Cien Años de Soledad Gabriel García Márquez Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. “Las cosas tienen vida propia -pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima.” José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: “Para eso no sirve.” Pero José Arcadio Buendía no creía en aquél tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados... Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo XV con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras... ACTIVIDAD Después de leer los textos anteriores, deduce si presentan, una por una, las características del cuadro. Simplemente contesta sí o no en el casillero correspondiente. Característica narrativa Texto 1 Texto 2 Texto 3 Texto 4 Texto 5 Cuenta una historia Si Si Si Si Si Tiene personajes Si Si sI Si Si Maneja idea de tiempo Si No No Si Si Menciona el espacio Si No No No Si Narra hechos ficticios Si SI No Si Si Tiene verosimilitud Si Si No No Si Tiene narrador Si No No No Si

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